Tengo que
confesar que me casé completamente convencida y enamorada. El día de la boda
fue el más feliz de mi vida. Tuvimos un noviazgo de casi cuatro años, con sus
altos y bajos (como todos), durante el cual vivimos un proceso de conocimiento
mutuo, apoyo en proyectos personales, crecimiento, construcción de sueños y
proyectos… Todo el paquete. Cuando F* me propuso matrimonio, pensé que estaba
tocando el cielo con las manos. Me sentí la mujer más feliz del planeta. Muchas
mañanas me despertaba preguntándome qué había hecho para ser tan feliz.
El año y
medio que duró el matrimonio fue un periodo de mucho trabajo. Trabajo para
alcanzar nuestros sueños, comprar la casa, el carro, conseguir la vida de
catálogo. Y lo logramos. Compramos la casa de nuestros sueños, pero nunca
pudimos convertirla en un hogar. Trabajábamos todo el tiempo, apenas teníamos
tiempo para vernos fuera de las obligaciones cotidianas.
Dos meses
después de mudarnos a nuestra casa, empecé a sentir un distanciamiento por
parte de F*. Al principio pensé que eran ideas mías, agotamiento de mi parte,
de parte de él. Pero estaba segura de que había algo que no estaba bien. Le pregunté, obteniendo respuestas evasivas.
Hasta que un día, F* me enfrentó con mi mayor temor. En un tono frío, aséptico,
casi sádico, me dijo que necesitaba un tiempo para reconsiderar nuestra
relación “¿Un tiempo?”- Le pregunté. “F*, esto es un matrimonio, no un noviazgo
de adolescentes, ¿cómo así que quieres un tiempo?”. Inicialmente me rehusé,
pero fue lo peor que pude hacer. Él se iba a tomar su tiempo como fuera.
Me empezó a tratar mal, cuando no me estaba gritando me ignoraba por completo.
Vivimos en esa tónica unas semanas hasta que un día, completamente
descorazonada, decidí darle lo que quería. “Me voy para la casa de mis papás, te
doy un mes”, le dije, ni siquiera respondió.
****
A veces se nos olvida que la mayoría de relaciones estables tienen una prospección, pero para que estos proyectos se cumplan es fundamental alimentar el día a día, nutrir la relación, mantener el vínculo. ¿De qué otra manera se construye una escalera, si no es teniendo un cuenta cada peldaño que la conforma?
Un mes... Le di un mes con el ánimo de aferrarme al último rastro de certeza que me quedaba. Un mes para pensar en nuestra vida, en si quería estar conmigo o no... Me pregunto cuánto tiempo le llevó tomar la decisión de pedirme que me casara con él. Me pregunto cuántas veces dudó hacerlo. Me pregunto qué motivos lo llevaron a lanzarse al vacío y organizar un viaje para proponérmelo. No sé qué me hizo pensar que en un mes iba a tener la respuesta. Creo que en el fondo sabía que mi vida se me estaba deslizando entre mis dedos, y EL MES, fue el último intento para retenerla.
M*
****
A veces se nos olvida que la mayoría de relaciones estables tienen una prospección, pero para que estos proyectos se cumplan es fundamental alimentar el día a día, nutrir la relación, mantener el vínculo. ¿De qué otra manera se construye una escalera, si no es teniendo un cuenta cada peldaño que la conforma?
Un mes... Le di un mes con el ánimo de aferrarme al último rastro de certeza que me quedaba. Un mes para pensar en nuestra vida, en si quería estar conmigo o no... Me pregunto cuánto tiempo le llevó tomar la decisión de pedirme que me casara con él. Me pregunto cuántas veces dudó hacerlo. Me pregunto qué motivos lo llevaron a lanzarse al vacío y organizar un viaje para proponérmelo. No sé qué me hizo pensar que en un mes iba a tener la respuesta. Creo que en el fondo sabía que mi vida se me estaba deslizando entre mis dedos, y EL MES, fue el último intento para retenerla.
M*